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     Acto por los Mártires de la Tradición en el Faro del Pardo. Mesa presidencial con su Alteza Real Don Sixto Enrique de Borbón
     Acto político tras la comida. Intervinieron cuatro notables oradores: los profesores universitarios José Miguel Gambra (Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista) que hizo una llamada a la acción mediante el impulso del partido político instrumental del carlismo la Candidatura Tradicionalista ,al cual pidió el apoyo de todos los tradicionalistas, Juan Andrés Oria de Rueda; el napolitano Francesco Maurizio Di Giovine; y Víctor Ibáñez que rindió homenaje a la resistencia carlista frente al separatismo antivasco

     Sin Legitimidad no hay Carlismo (PULSAR AQUÍ)
    Los carlistas abarrotaron el aforo alrededor del Abanderado de la Tradición
    Gran predominio de la juventud entre los carlistas asistentes
     El príncipe Sixto Enrique rodeado por el pueblo carlista leal a la Legitimidad dinástica y al tradicionalismo
     Los leales de Palencia no faltaron a la cita, junto a valencianos, catalanes, aragoneses, castellanos, navarros, andaluces, asturianos, canarios y de todos los rincones de las Españas
    Víctor Javier Ibáñez, Presidente del Círculo Carlista Marqués de Villores de Albacete, presentó su libro en el acto durante el homenaje a los mártires carlistas del terrorismo separatista. Firmó un centenar largo de ejemplares. Se puede pedir el envio a cualquier lugar escribiendo al correo info@edicionesauzolan.net

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    Los violentos incidentes que tuvieron lugar este pasado 11 de marzo en Pamplona, protagonizados por forasteros radicales separatistas llegados desde fuera de Navarra, son un fiel reflejo de muchos incidentes que han jalonado la historia de la democracia partitocrática en Navarra. Una vez más el viejo Reyno fue atacado por la estrategia separatista del odio, con el resultado de cuatro detenidos, de ellos tres enviados a prisión por el Juez de Pamplona. Navarra otra vez atacada por "Euskadi".
    Boletín de la A.J.T navarra en la transición, en respuesta a otra invasión foránea nacionalista, la llamada irónicamente "Marcha de la Libertad"

    Para el mundo etarra, Navarra ha sido una de sus grandes obsesiones, pues ha sido referente del españolismo rocoso del carlismo, el movimiento político vasconavarro popular por excelencia y ellos siempre han sido en Navarra minoritarios, extraños a su devenir histórico. Por ello Navarra ha estado siempre en el centro de la estrategia separatista e imperialista del nacionalismo (Pulsar Aquí). Frente a un “Euskadi” de inspiración racista sabiniana y que es parte fundante del régimen del 78, el carlismo reivindica lo auténticamente vasco y navarro, definido a través de una tradición objetiva en los territorios históricos: católicos, forales e hispánicos.


    Los actuales incidentes se parecen mucho concretamente, al intento de reventar la concentración foralista de 1977, convocada por la Diputación Foral, encabezada por el carlista Amadeo Marco. Entonces como actualmente grupos organizados procedentes de Guipúzcoa llenaron las calles de Pamplona de violencia y de odio antiforal y antiespañol. Una misma estrategia de los enemigos de siempre de Navarra y de España.
    Extracto del Capítulo VII del libro 

    «Una resistencia olvidada.Tradicionalistas mártires del terrorismo» (Ediciones Auzolan, 2017) de Víctor Javier Ibáñez Mancebo.


    (...) los actos [foralistas] dieron comienzo el 3 de diciembre [de 1977] con una Misa en la Catedral, a la que acudió la Diputación en pleno. Al acabar la Misa miles de navarros salieron en manifestación hacía la Plaza del Castillo. Por las bocacalles de la misma comenzaron los ataques de la izquierda proetarra, que quiso reventar la concentración. Lanzando insultos contra la Diputación comenzaron a llover piedras, tornillos y botellas causando los primeros heridos entre los foralistas. Diario de Navarra insistía en que la Policía Armada no utilizó material antidisturbios contra los provocadores, intentando apaciguar los ánimos en todo momento verbalmente. Cinco policías resultaron heridos teniendo que recibir asistencia médica. A las 13:30 comenzaron las intervenciones, tras la difusión por megafonía del himno de las Cortes de Navarra. En medio de constantes gritos de «Navarra sí, Euskadi no» tomó la palabra el diputado foral Julio Asiain Gurucharri, que hizo un llamamiento a la serenidad. Posteriormente cuando el vicepresidente, Amadeo Marco, se disponía a hacer uso de la palabra por el paseo Sarasate apareció un nutrido grupo de proetarras cantando el Eusko Gudariak y lanzando consignas contra la Diputación y contra Marco. Tras unos momentos de tensión lanzó un mensaje cargado de profundo sentido jurídico, político e histórico que corearon los más de diez mil navarros que se concentraban en la Plaza del Castillo con gritos a favor de Navarra y de España y contra la pretensión del gobierno central de introducir a Navarra en el ente autonómico de Euskadi. Uno de los lemas más coreados fue «Clavero, pelmazo, recuerda a Gamazo». Amadeo Marco terminó su intervención solicitando a los congregados que se dispersaran pacíficamente, sin responder a las provocaciones, como así hicieron. Sin embargo en las zonas cercanas a la Diputación los proetarras se reagruparon y volvieron a cargar contra los congregados. Cuatro jóvenes asistentes a la concentración fueron heridos de arma blanca, uno de ellos, Eugenio Lecanda Garamendi, estudiante de Medicina oriundo de Bilbao con una herida penetrante en el tórax, que revistió cierta gravedad aunque terminó evolucionando favorablemente. (...)También fue agredido al acabar la manifestación el colaborador de El Pensamiento Navarro Artus, cuando un grupo proetarras lo esperaban en su domicilio. Los proetarras quemaron dos banderas de Navarra y de España robadas de edificios de particulares. En total se contabilizaron según Diario de Navarra (periódico que no se mostró favorable al acto navarrista) una treintena de heridos entre los asistentes a la manifestación. La mayoría de los provocadores se habían desplazado desde fuera de Pamplona, identificando la policía a dos grupos de Mondragón y Vergara asiduos en esas acciones de guerrilla urbana. Una representación de carlistas vascongados hizo acto de presencia aquel día en Pamplona en apoyo de la Diputación Foral.

    El libro se puede solicitar a info@edicionesauzolan.net al precio de 22 €.

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    «Propongo que se instituya una fiesta nacional en honor de los mártires que desde el principio del siglo XIX han perecido a la sombra de la bandera de Dios, Patria y Rey en los campos de batalla y en el destierro, en los calabozos y en los hospitales, y designo para celebrarla el 10 de marzo de cada año, día en que se conmemora el aniversario de la muerte de mi abuelo Carlos V».


    S.M.C. Carlos VII, Carta al Marqués de Cerralbo. Venecia, 5 de noviembre de 1895.
    Martín Garrido (poeta carlista burgalés) fue el compositor del sublime soneto titulado “A los mártires de la Tradición”. Martín Garrido Hernando fue Requeté voluntario a los cuarenta años de edad en el Tercio Burgos-Sangüesa. Posteriormente fue redactor jefe del diario burgalés El Castellano, donde apareció publicado dicho soneto por primera vez el día 10 de Marzo de 1940.


    A LOS MÁRTIRES DE LA TRADICIÓN


    Lo demandó el Honor y obedecieron;

    Lo requirió el Deber y lo acataron;

    Con su sangre la empresa rubricaron;

    Con su esfuerzo, la Patria redimieron.


    Fueron grandes y fuertes, porque fueron

    Fieles al juramento que empeñaron.

    Por eso, como púgiles lucharon,

    Por eso como mártires murieron.


    Inmolarse por Dios fue su destino;

    Salvar a España, su pasión entera;

    Servir al Rey, su vocación y sino.


    ¡No supieron querer otra Bandera!,

    ¡No supieron andar otro camino!;

    ¡No supieron morir de otra manera!

    ACTOS CENTRALES DE LOS MÁRTIRES DE LA TRADICIÓN 2017

    En perfecta continuidad y fidelidad, la Comunión Tradicionalista ha vuelto a celebrar en torno al legítimo sucesor de SMC Carlos VII, Don Sixto Enrique de Borbón, la Fiesta de la Lealtad carlista. 

    "Ante Dios nunca serás héroe anónimo" (de la Ordenanza del Requeté)
    Santa Misa: PULSAR AQUÍ
    Acto Político: PULSAR AQUÍ
    REINO DE CASTILLA (PALENCIA)
     Santa Misa tradicional ofrecida por todos los que dieron su vida por Dios, la Patria y el Rey

    Palencia Tradicionalista, PULSAR AQUÍ
    ALBACETE
    Conmemoración de los Mártires de la Tradición ante el monumento a los muertos en la Cruzada de Albacete.

    Círculo Carlista Marqués de Villores PULSAR AQUÍ
    REINO DE GALICIA
    Cementerio de Pereiró Vigo

    Carlismo en Galicia PULSAR AQUÍ
    REINO DE NÁPOLES
     XLVII Convegno Tradizionalista de Civitella del Tronto, Mártires de la Tradición

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    Tras su presentación oficial en la gran Festividad de los Mártires de la Tradición, ante la presencia de SAR Don Sixto Enrique de Borbón, quien recibió de manos del autor el primer ejemplar del libro, comienzan por toda España las presentaciones locales de la obra de Víctor Javier Ibáñez “Una resistencia olvidada. Tradicionalistas mártires del terrorismo". El libro ha sido recibido con  gran entusiasmo, a los más de cien ejemplares vendidos en el Acto del Pardo, se suma, nos informan,  el gran número de ventas por internet, desde los más variados lugares de Las Españas y la gran acogida en su difusión en los diversos lugares de distribución.

    Creemos que ha sido un deber de justicia escribir este libro y que es un deber moral de conciencia difundirlo, en memoria de aquellos que dieron su sangre por Dios y por España; para que su sacrificio sea recordado y su resistencia NO sea "olvidada" como pretenden unos y otros. Lo consideramos una obligación moral de todos los que aman a España y no sólo de los carlistas y tradicionalistas. Es vergonzoso el olvido y el pacto de silencio que sobre estos hechos se ha impuesto por el discurso dominante nacionalista e incluso el "constitucionalista". Además el libro da muchas claves para entender lo sucedido en el norte durante la transición y da luz sobre la realidad actual, cobrando mucha actualidad debido a los últimos anuncios etarras. La memoria es una gran arma de libertad y de Verdad.

    El libro de Víctor Ibáñez es también, como dice don Manuel de Santa Cruz en el Epígono al mismo: "una contribución notable a la salvación del honor del Carlismo". Porque, como apunta en este precioso y profundo texto, la oposición carlista al separatismo no fueron "unas apacibles tertulias de casino de pueblo, sino un martirologio que es una gloria más de su historia".

    El libro puede conseguirse en la página habilitada por Ediciones Auzolan en Facebook PULSAR AQUÍ o en el correo info@edicionesauzolan.net

    Las Presentaciones locales empiezan mañana viernes en la ciudad castellana de Palencia, gracias a la invitación de la Asociación Cultural Tradicionalista Fernando III el Santo.

    Viernes 31 marzo. Presentación del libro «UNA RESISTENCIA OLVIDADA. Tradicionalistas mártires del terrorismo» (Auzolan Ediciones, 2017). Con la presencia de su autor, Víctor Javier Ibáñez Mancebo.

    Os esperamos a todos a las 20:30 horas en el Centro Social Blanca de Castilla, en  Palencia (C/La Cestilla 5, Entreplanta)


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    Manuel de Santa Cruz, protagonista, testigo autorizado y fedatario de la historia del Carlismo y de su Guipúzcoa natal a través de su monumental obra "Apuntes y documentos para la historia del Tradicionalismo Español". Pone el epílogo al libro “Una resistencia olvidada.Tradicionalistas mártires del terrorismo” (Ediciones Auzolan, 2017), de Víctor Ibáñez Mancebo.


    EXTRACTO DEL EPÍLOGO

    (...) En cuanto se firmaron los Acuerdos de España con Norteamérica en el verano de 1953, las Fuerzas Armadas de las dos naciones empezaron a hacer ejercicios conjuntos. En uno de ellos, los norteamericanos trajeron un ejército de catorce mil hombres con sus pertrechos desde las costas de Florida a desembarcar en las playas de Huelva, sin repostar ni escalas. Tuvieron catorce muertos. En una conferencia de prensa, al final, un periodista español mostró alguna extrañeza por ese número de bajas. El oficial norteamericano contesto que unas maniobras sin muertos no son verdaderas maniobras militares; son otra cosa, llámenle como quieran, pero para nosotros no tienen la consideración de verdaderas maniobras militares. Extrapolando aquellos criterios vemos que la existencia de daños materiales y de asesinatos atestiguan que el Carlismo se enfrentó decidida y valientemente a los separatistas; su oposición no fue en unas apacibles tertulias de casino de pueblo, sino un martirologio que es una gloria más de su historia. ¿Cómo enjuiciaría aquel oficial norteamericano la oposición del Carlismo al separatismo sin este libro? Pues como nosotros calificamos la conducta al respecto de la clase política dirigente de Madrid, como una pamplina. Este libro es una contribución notable a la salvación del honor del Carlismo, a veces olvidado porque la enorme superioridad cuantitativa de la propaganda enemiga de la España nacional.

    ¿Pudo el Carlismo haber hecho más? ¿Por qué no hizo más? El autor de este libro contesta pero con menos de lo mucho que sabe. Yo le tirare de la lengua para que extraiga más respuestas de su gigantesco archivo. Entre otras causas menores, el Carlismo, que hizo mucho, no hizo todavía más por las siguientes causas principales:


    Porque había sido machacado permanentemente y sin misericordia por el franquismo. La política de éste respecto al Carlismo en general y sobretodo, en el País Vasco fue un enorme disparate político porque el Carlismo al que estrangulaba era el contrapeso natural del separatismo. Yo mismo se lo quise explicar a tiempo a Don Luis Carrero, pero él zanjó la conversación en cuanto olfateó a donde iban los tiros.


    Por el menosprecio de la Iglesia, ya antiguo, discreto y sutil pero eficacísimo. En los pueblos de Vascongadas y de Navarra el señor cura era el notable natural que presidía pacíficamente aquellas sociedades elementales. Sobre aquellos sacerdotes santos empezaron a destilar su veneno, gota a gota el progresismo y el laicismo europeizantes no detenidos ni por Roma ni por la Jerarquía en España y el Carlismo vio que se esfumaba de manera misteriosa y alarmante uno de sus poderosos proveedores de hombres y de recursos, el clero.


    Porque las dos causas anteriores afectaron también, además, al ambiente general de España y aún de Europa, que respiraban, sin haber sido previamente inmunizados por una buena preparación política, Don Carlos Hugo y su hermanita Doña María Teresa. Despechados por la conducta de Franco, y no sin motivos, perdida toda esperanza en la carrera dinástica, decidieron pasar a la oposición, pero no a la oposición domestica a Franco desde la propia España nacional sino sumándose a la oposición roja exterior, lo cual además de un disparate estratégico fue un gravísimo pecado contra el primer mandamiento de la Ley de Dios.


    Pero como anunció con genial intuición el Rey Don Carlos VII en su testamento político, la dinastía de los buenos españoles sobrevivirá. De nuestro desahogo de hoy, «¡Aún vive el Carlismo!», pasaremos a cantar victorias cuando suene la hora de Dios en el calendario de su Providencia. España, la cristiandad, están hoy tan mal, que no puede estar lejos la salida de esta noche oscura. Entre los artífices de la resurrección del Carlismo estará en primera fila Víctor Ibáñez y como libro de consulta, este libro.


    Manuel de Santa Cruz
    El libro puede conseguirse en la página habilitada por Ediciones Auzolan en Facebook PULSAR AQUÍ o en el correo info@edicionesauzolan.net


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    Intervención de Víctor Javier Ibáñez en el homenaje a los carlistas víctimas del terrorismo etarra en la Festividad de los Mártires de la Tradición.

    El libro "Una resistencia olvidada. Tradicionalistas mártires del terrorismo" puede conseguirse en la página habilitada por Ediciones Auzolan en Facebook PULSAR AQUÍ o en el correo info@edicionesauzolan.net

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    ¿Qué debe entenderse por modernidad?


    La modernidad entendida axiológicamente, es sinónimo de subjetivismo: de palabra exalta al sujeto, aunque en realidad lo destruye. Decir que modernidad y subjetivismo son la misma cosa significa considerar que a) teóricamente se pretende hacer del pensamiento el fundamento del ser; b) gnoseológicamente se cree poder erigir la ciencia (entendida al modo positivista) como único método de conocimiento (en realidad pretende constituirse en dominio de una naturaleza que a menudo ignora); c) éticamente se identifica la moral con la costumbre (fruto de opciones “compartidas”) o, en algunos casos y opuestamente, con la decisión  personal; d) políticamente se reivindica el poder de crear el orden político (que, por tanto, se limita a sólo orden público) sobre bases absolutamente voluntaristas y e) jurídicamente se sostiene que la justicia es la decisión (efectiva) del más fuerte (pseudo-argumento de Trasimaco, que hacen suyo las doctrinas positivista y politológica del ordenamiento jurídico, que tantos contemporáneos comparten).

    La modernidad disuelve al sujeto al convertirlo en un haz de pulsiones. El sujeto, así, no sería una realidad óntica irreductible, señora de las pulsiones, sino simple epifanía de éstas. Un fenómeno, pues. No sería el ens, inteligente y libre, dominus  de los propios actos, sino una entidad que sufre los propios impulsos y las propias pasiones.


    Así pues, el sujeto sólo es exaltado aparentemente, incluso cuando se elogia su conciencia. En realidad el sujeto es para la modernidad una realidad sin alma y, por ello sin ley. De ahí que cuando ensalza la conciencia lo que hace es exaltar un poder ilimitado del individuo, que entiende es una facultad suya: la conciencia, así, no revela al hombre el orden impreso en su naturaleza, sino que lo produce. Poco importa que a ello concurra el individuo aislado o la sociedad en su conjunto. Lo que cuenta es el hecho de que el orden moral no existe en sí y por sí. Es siempre el resultado provisional y mutable o de la voluntad subjetiva o del conjunto de las condiciones económico-sociales (esto es, de un bloque histórico). La modernidad, que es el racionalismo hecho sistema, conduce coherentemente, por tanto, a Nietzsche y Marx. En otras palabras, la modernidad representa el intento de dominar la realidad, de plegarla a la voluntad humana. Es la esencia de la doctrina luciferina según la cual el hombre es como Dios, igual a Él, por tanto en la condición de poder desafiarlo y, sobre todo, de poder expulsarlo de la experiencia humana y de la historia.



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     El Príncipe Sixto Enrique de Borbón a su llegada al Real Monasterio de Santa María del Puig en el Reino de Valencia
     Santa Misa de Requiem por S.M.C Don Javier de Borbón
    Misa según el Rito Tradicional Romano de la Iglesia Católica
     Homenaje al Rey Javier I de las Españas, con la proyección de un documental realizado para el acto
    Don Manuel de Santa Cruz y Don José Miguel Gambra franqueando a Don Sixto en el homenaje a su augusto padre el Rey Don Javier
    Toma la palabra don Miguel Ayuso Torres, Presidente del Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II, frente cultural de la Comunión Tradicionalista
     La Juventud carlista  
     Aperitivo y vino español 
     Miembros de "Mestres Campaners" entregan a S.A.R. D. Sixto Enrique de Borbón, una prenda de su uniformidad en recuerdo de su visita a Valencia.
     S.A.R Don Sixto Enrique de Borbón
    ¡¡¡LEALTAD Y CONTINUIDAD!!!
    Comida de hermandad
     Sobremesa amenizada con los cantos de la Legitimidad
    Vista parcial del comedor
    Don Sixto Enrique se dirige a los carlistas

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    Documental homenaje a su Majestad Católica Don Javier I de Borbón, último Rey legítimo de las Españas. Audiovisual realizado para el XL aniversario de su fallecimiento y presentado el 6 de mayo de 2017 en el Real Monasterio de Santa María del Puig, Reino de Valencia, en el acto de homenaje a Don Javier organizado por el Círculo Carlista Abanderado de la Tradición Nuestra Señora de los Desamparados de la Comunión Tradicionalista.  
    Sin Legitimidad no hay Carlismo, Pulsar Aquí


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    El bien común como bien privado


    La identificación del bien común con el bien privado ha sido favorecida por la reacción contra la doctrina idealista, en particular la hegeliana, irracional por su pretensión de hacer de la verdad del sistema la verdad, y absurda por las contradicciones y aporías que se evidencian en su aplicación y, por tanto, en la praxis. La derrota de los Estados totalitarios en la segunda guerra mundial representó la fractura del sistema de Hegel y ofreció la prueba de las desastrosas e inhumanas consecuencias en las que tal doctrina debía incurrir necesariamente (como incurrió). Se difundió así muy rápidamente una teoría política de origen protestante, cuya afirmación resultó favorecida por la ilusión de que otorgaba valor al individuo, a la persona humana, tras su sacrificio en el altar de la verdad idealista más abstracta. La difusión de las viejas (aunque presentadas como nuevas) teorías políticas liberales vino favorecida también por equívocos  en el plano teórico (individuo y persona parecían a muchos términos equivalentes) y, sobre todo, por las circunstancias históricas de finales del segundo conflicto mundial: los vencedores de los regímenes definidos autoritarios resultaron ser los Estados liberales y también los comunistas, pero el liberalismo -aunque fuese la matriz del comunismo, sobre todo del marxiano- difícilmente podía convivir con el marxismo. Con el marxismo tampoco podía convivir el cristianismo, fuese en su versión católica o incluso en la protestante. El comunismo, por esto, se convirtió (y se tomó por tal) en el enemigo común. Todos se unieron en la batalla anticomunista a nombre de la libertad, que no puede ser considerada el bien común ni siquiera aunque se lea como libertad responsable: aquella, en efecto, también en este caso resulta una condición que no puede eliminarse, pero que no puede convertirse en el bien común.

    Las doctrinas políticas occidentales, sobre todo las elaboradas de encargo (como por ejemplo, la teoría política del segundo Maritain), se empeñaron en justificar la caída de las posiciones que, particularmente en Europa, habían sido hegemónicas hasta la mitad del siglo XX. Pasó a sostenerse, así, que el bien común no era el público sino el privado. Esencial era el bien del individuo ante el que el Estado y el ordenamiento jurídico debían considerarse servidores. Servidores y, por tanto, instrumentales ante cualquier opción individual, cualquier deseo de la persona, cualquier proyecto. No sólo porque según algunas doctrinas el proyecto mostrase la misma naturaleza humana (piénsese, por ejemplo, en Sartre, para el que el hacer procede al ser y, por tanto, el sujeto es su actividad y no la condición de ésta), sino también porque se entendía que toda regla heterónoma, impuesta a la voluntad del sujeto, fuese un atentado a su libertad, un atentado fascista, del que debía tan absoluta como rápidamente liberarse. El ordenamiento jurídico, para legitimarse, habría debido encontrar el consenso (entendido como mera adhesión voluntarista a cualquier proyecto) de los ciudadanos. Se convertía, por ello, en intolerante cualquier Estado que hubiese individuado la naturaleza del bien, erigiéndose en regla de su legislación y su gobierno: el bien y el mal -se decía y aun hoy se afirma de modo todavía más decidido-  pertenecen a la esfera privada; lo público no debe tener opinión alguna acerca de la vida buena, sino que al contrario debe ser absolutamente indiferente. La nueva ratio que rige y anima a los ordenamientos jurídicos occidentales contemporáneos debe buscarse, así, en esta Weltanschauung neoliberal, que se ha expandido poco a poco y que se presenta todavía como la vía que debe recorrerse para conseguirlo.

    Derivó de ahí, como consecuencia del desplome de lo público, la desaparición  del bien (incluso del que sólo era su subrogado) y necesariamente la desaparición del bien común en sí. El único fin de la comunidad política que se considera legítimo es el de asegurar, garantizándolo en la perspectiva liberal y/o promoviéndolo en la perspectiva liberal-socialista, la libertad negativa que a su vez se convierte en liberación total en la perspectiva marxista y en la liberal-radical. Pero, como esto no es posible en absoluto, se asignó al poder la tarea de mediarentre instancias y pretensiones contrapuestas, tanto que ahora se afirma explícitamente que el Parlamento es el lugar de la composición de los intereses. El poder político, por ello, estaría legitimado por un contrato de mandato o bien  por un consenso mayoritario de la sociedad civil, no ciertamente por la racionalidad del mando político, entendida la racionalidad como conformidad a la esencia y al fin natural de las personas. El Estado moderno de la vieja Europa desapareció. Se afirmó el Estado como proceso teorizado por la politología norteamericana desde finales del siglo XIX, que entiende que el poder político es un mero poder, y que el conflicto es el alma de la llamada convivencia civil. Lo que implica que la realización de la voluntad, la obtención de los intereses, el agotamiento de las pasiones y los deseos tanto de los individuos como los grupos y no –por tanto- la vida según la razón, representen el objetivo que conseguir. Esto es lo que se considera el bien, que no tiene nada de común siendo de parte o solipsista, en todo caso privado en el sentido moderno del término.



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    Intervención del Prof. José Miguel Gambra, Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista, en las II Jornadas de Catolicismo de la UCM. 4 mayo 2017

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    El bien común como bien público


    La primera identificación representa el producto coherente de las teorías constructivistas de la sociedad, esto es, de aquellas teorías que niegan la naturalidad de la comunidad política, al sostener que ésta nace del contrato y, por tanto, tiene un fin convencional. No es posible en este caso hablar propiamente del bien común, ya que el Estado –nacido del contrato- no tiene nada en común con los hombres que lo han constituido. Tanto que coherentemente se habla sólo de bien público, que propiamente es el bien privado de la persona civitatis. Resulta significativo el hecho de que en el lenguaje político moderno y contemporáneo se usen en exclusiva los términos bien público e interés público. Ha desaparecido hasta la huella del bien común. No se trata de un error, sino de la coherente aplicación de categorías doctrinales racionalistas que, en cuanto tales, esto es, en cuanto racionalistas, ignoran la realidad, con la pretensión de sustituirla. Rousseau, por ejemplo, es claro a este respecto: “Antes de observar –escribe en el libro V de su obra pedagógico-política, Emilio- es preciso hacerse con normas para la propia observación: hay que hacerse con una escala a la que referir las medidas que se toman. Nuestros principios de derecho político son esta escala. Nuestras medidas son las leyes políticas de todo país”. El bien, por tanto, depende del hombre. También que se define como común. El llamado bien público se identifica, así, en último término y desde cualquier teoría constructivista, con la conservación del Estado, en vista de la cual se entiende legítima toda acción: el fin, en efecto, justifica los medios, como teorizó Maquiavelo y como sostuvieron (y sostienen) los teóricos de la razón de Estado de todo tiempo. El Estado, su existencia, es el bien que conservar siempre y a toda costa, el bien que permitiría una vida civil, puesto que la realidad es la creadora de la ética y del derecho. 
    Hegel, que no es constructivista, aunque si racionalista, dirá que el Estado es la misma "sustancia ética consciente de sí", que reconduce todo a la vida de la sustancia universal. Para Hegel, así, el bien común es el todo sustancial extraño a las partes de las que está constituido y que, a su vez, están constituidas por él. Un filósofo contemporáneo de fuerte vocación y, sobre todo, de fuerte atención realista (Marcel De Corte), observó que esta definición de bien común no se puede compartir racionalmente, para empezar porque pretende ser la unidad en lugar de la unión y, por ello, hacerse unicidad suprimiendo la pluralidad de las realidades individuales.
    En resumen, la identificación del bien común y bien público es la negación de la posibilidad misma del bien, ya que éste viene a depender de la voluntad de la realidad que es considerada ética y racional sobre la base de la consideración de que su voluntad efectiva aporta criterio de la racionalidad universal sólo porque es única y, por ello, general. El criterio del bien, por eso, estaría en la norma positiva que no tutela el bien, ni el moral ni el jurídico, porque el bien es ella misma: el bien es la misma ratio de la ley, que –a su vez- es tal porque querida por el Estado, quien por ello nunca está sujeto a error. Nos hallamos frente a una forma de nihilismo positivo que pretende transformar en bien todo acto de voluntad positiva y, sobre todo, individuar el bien en la única realidad que tiene el poder de hacer efectiva la propia voluntad, puesto que es la condición del bien así entendido.


    ¿Qué es el Bien Común?. Danilo Castellano en El bien común. Cuestiones actuales e implicaciones político-jurídicas.



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